La lectura presenta un panorama general de la guerra de independencia a fines de 1815. Los realistas dominan la mayor parte de sus antiguas colonias (Venezuela, Nueva Granada, Quito, Perú, Cuba, Puerto Rico). En Chile y México la situación no se ha decidido; y sólo en el Río de La Plata han triunfado los independientes.
A pesar de este balance negativo, El Libertador expresa su seguridad y confianza en el triunfo definitivo de la causa patriota.
A pesar de este balance negativo, El Libertador expresa su seguridad y confianza en el triunfo definitivo de la causa patriota.
El Libertador considera la revolución de independencia como un hecho irrevocable, que no puede volver atrás, y que a pesar de los fracasos sufridos, terminara con la victoria definitiva de la causa independiente
En la Carta, El Libertador critica duramente el sistema colonial y señala la incapacidad de España para seguir manteniendo su dominación en América.
En sus críticas al sistema colonial, El Libertador señala como aspectos negativos la conducta de los españoles con la población americana, desde las "barbaridades" cometidas contra los indígenas a partir del descubrimiento, hasta las "atrocidades" que habían puesto en práctica durante la guerra de independencia. Y al denunciar estos hechos, El Libertador se apoya en testimonios de los propios españoles, entre otros el Padre Bartolomé de Las Casas, quien fuera uno de los primeros en denunciar el carácter inhumano de la colonización española.
En cuanto a la incapacidad de España para mantener su dominio en las colonias, El Libertador emite juicios acertados sobre las condiciones económicas, sociales y políticas de la metrópoli que justificaban aún más el movimiento de independencia.
En sus críticas al sistema colonial, El Libertador señala como aspectos negativos la conducta de los españoles con la población americana, desde las "barbaridades" cometidas contra los indígenas a partir del descubrimiento, hasta las "atrocidades" que habían puesto en práctica durante la guerra de independencia. Y al denunciar estos hechos, El Libertador se apoya en testimonios de los propios españoles, entre otros el Padre Bartolomé de Las Casas, quien fuera uno de los primeros en denunciar el carácter inhumano de la colonización española.
En cuanto a la incapacidad de España para mantener su dominio en las colonias, El Libertador emite juicios acertados sobre las condiciones económicas, sociales y políticas de la metrópoli que justificaban aún más el movimiento de independencia.
El futuro político de los países hispanoamericanos es objeto de la preocupación del Libertador, quien al respecto se plantea las siguientes cuestiones: ¿Debían las antiguas colonias unirse en un solo Estado? ¿Se organizarían repúblicas o monarquías?
El Libertador considera que en esos momentos no era posible unir todos los países hispanoamericanos en una sola nación, no porque no fuera partidario de la unificación de Hispano América, sino porque "climas remotos, situaciones diversas, intereses opuestos, caracteres desemejantes dividen a la América".
El Libertador era partidario, pues, de la unidad de los países hispanoamericanos, ligados entre sí históricamente por el origen, la lengua, las costumbres, la religión
La paternidad de la idea de unir a América Española en un solo estado corresponde al Precursor Francisco de Miranda, quien en 1790 propuso formar con todas las colonias una monarquía bajo la autoridad de un Inca. En 1815, El Libertador descarta parcialmente estas ideas mirandinas: la vasta extensión del territorio, la diversidad de climas, el aislamiento de regiones tan distantes, y, en particular, los intereses opuestos de los grupos regionales, impedían llevar a cabo idea tan grandiosa
Era una idea más realizable, formar uniones regionales, unir secciones más pequeñas de aquel inmenso territorio y establecer lazos que ligaran las distintas porciones así organizadas
El Libertador estuvo siempre en el centro de esta polémica sobre monarquía o república, que fue una de las más interesantes en el proceso ideológico de la independencia. El ejemplo norteamericano y la revolución francesa, ofrecían asideros sólidos en favor de la república; mientras, por otra parte, el supuesto atraso cultural, la ignorancia, falta de virtudes en el pueblo, fueron argumentos de quienes sostenían que nuestros pueblos eran incapaces de gobernarse por sí mismos, y, por tanto, inaptos para el gobierno republicano. Argumentaban, además, que las grandes potencias de Europa verían con mejores ojos la formación de monarquías en América. Consecuente con sus ideas políticas, El Libertador pensaba que dentro de un régimen republicano sería más fácil elevar el nivel cultural y material de nuestros pueblos, sacarlos del atraso y lograr para ellos la paz necesaria para organizar sus instituciones y superar las devastaciones dejadas por la guerra. Pensaba, además, que la composición étnica, el carácter mestizo de nuestros pueblos, debía contar con un sistema de gobierno que estimulara la marcha hacia la igualdad social y la democracia
En la Carta, El Libertador se refiere al régimen político y a la naturaleza de los gobiernos que se debían adoptar en Hispanoamérica.
El Libertador rechaza el sistema federal de gobierno y se pronuncia a favor del centralismo. Considera que la América Española no estaba preparada para separarse de la metrópoli, y como consecuencia de la crisis ocurrida en la península, los americanos han pasado, "sin los conocimientos previos, ni la práctica de los negocios públicos, a desempeñar funciones de gobierno". "Las instituciones perfectamente representativas no son adecuadas a nuestro carácter, costumbres y luces actuales". Las instituciones de gobiernos liberales y perfectas se logran en sociedades civiles basadas en la justicia, la libertad y la igualdad, y nosotros estábamos distantes de poseer tales bienes cuando apenas recién salíamos de las cadenas. Por lo tanto, no estábamos en condiciones de practicar un gobierno perfecto como el federal. Para llegar a tanto, se necesitaba la práctica y la experiencia civil política de la cual carecíamos. Era preciso organizar los nacientes estados bajo un régimen político intermedio, a través del cual se pudiera lograr la unidad y formar los talentos y virtudes que se requieren para el ejercicio de sistemas populares de gobierno
El Libertador rechaza el sistema federal de gobierno y se pronuncia a favor del centralismo. Considera que la América Española no estaba preparada para separarse de la metrópoli, y como consecuencia de la crisis ocurrida en la península, los americanos han pasado, "sin los conocimientos previos, ni la práctica de los negocios públicos, a desempeñar funciones de gobierno". "Las instituciones perfectamente representativas no son adecuadas a nuestro carácter, costumbres y luces actuales". Las instituciones de gobiernos liberales y perfectas se logran en sociedades civiles basadas en la justicia, la libertad y la igualdad, y nosotros estábamos distantes de poseer tales bienes cuando apenas recién salíamos de las cadenas. Por lo tanto, no estábamos en condiciones de practicar un gobierno perfecto como el federal. Para llegar a tanto, se necesitaba la práctica y la experiencia civil política de la cual carecíamos. Era preciso organizar los nacientes estados bajo un régimen político intermedio, a través del cual se pudiera lograr la unidad y formar los talentos y virtudes que se requieren para el ejercicio de sistemas populares de gobierno